Exterior. Día. Domingo de agosto. 13:30 horas. En una explanada colindante a la carretera y bajo un sol de justicia, decenas de obispos ataviados con bermudas y hawaianas hacen cola frente a una caseta de chapa y uralita, con un cartel en su fachada que reza: COMIDA PA LLEVAR, y por cuya pedestre chimenea no deja de salir un densísimo humo negro que los religiosos celebran con enfervorizados gritos de ¡Habemus pullus!